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Una extraña visita

Hace dos noches me visitó una historia. Llamó a la puerta con suavidad, la acarició más bien, como si fuera uno de esos fantasmas de Dickens. Me aparté a un lado y la dejé pasar hasta el dormitorio con toda naturalidad. Parecía que la estuviese esperando. Aquella historia se acomodó en el borde de la cama y comenzó a susurrarme al oído: “soy una historia y te sucedo a ti”.

Sentí un temblor en el hombro antes de que la historia pudiera terminar su frase. Al principio no entendí muy bien a qué se refería con eso de que “me sucedía a mí”. Así que dejé que continuara. Con cada uno de sus susurros aparecía un nuevo temblor.

“Las historias son algo que les sucede a los personajes”, dijo.

Comenzó a formarse una idea algo más clara en alguna parte de mi pensamiento.

“Si no, no son historias, puede que sean otra cosa, pero no son historias”, matizó.

Pensé entonces en si existe una diferencia clara entre cuento y relato, por ejemplo, y si la diferencia principal entre una y otra tiene que ver con la estructura, con el personaje, con el conflicto o con qué. Pensé en todas y cada una de las veces que ha surgido ese debate en un taller de escritura y en cuántas horas hemos dedicado a hablar de la idea o del tema.

De vez en cuando, surge la pregunta en algún curso: ¿Qué es una historia? Y entonces nos damos cuenta de que la respuesta no es tan evidente.. Incluso para alguien que lleve años buceando en el fondo abisal de las historias.

Mientras tanto, mi visitante me brindaba la oportunidad de salir de dudas, de averiguar qué era una historia y poder contarlo la próxima vez que surgiera la oportunidad. Es verdad que nadie creería el relato de la misteriosa visita en mitad de la noche, pero podría fingir que se trataba de una metáfora o de una fábula. Una forma de explicarme y de explicarlo.

“Las historias les suceden a los personajes”, repitió. “Las historias atrapan si les suceden a personajes interesantes. Y cuanto más interesante sea aquello que le pasa a tu personaje, mejor resultará la historia”.

Tengo que reconocer que me sentí un poco ruborizado. En ese momento se me pasó por la cabeza la idea, un tanto vanidosa, de si yo podía ser considerado un personaje interesante, alguien que merecía recibir esa visita a deshoras. Recordé a Rodari y su pregunta: “¿Qué sucedería si…?»

Pensé que muchas historias interesantes se pueden plantear como una respuesta a esa pregunta: ¿Qué pasaría si, de repente, en mitad de la noche, te visitara una historia?

Me acordé del resto de profesores de Atrapavientos y de todas las veces que hemos tratado este asunto. Pensé en cómo reaccionarán cuando les cuente la extraña visita. Creo que les diré que es una idea para una entrada en el blog. En el mejor de los casos, les hará gracia la propuesta.

Lo que no saben, lo que no pueden sospechar; es que la historia que me visitó hace dos noches se ha instalado en mi pequeño apartamento. Se recuesta confiada en el otro lado de la cama, respeta mi sitio, no lo invade nunca. Apenas hace ruido cuando se levanta por la mañana. Madruga mucho más que yo y, de vez en cuando, me susurra al oído cuál es el secreto de las historias, justo en el mismo instante en el que comienza un temblor, ahí al final de la frase.

3 comentarios

  1. Kristina Salvador Buela dice:

    Pues sería bonito que se quedara a vivir un tiempo largo en tu apartamento, ¿no? O quizás, si se aburre, la podrías mandar al mío. Yo tampoco soy muy ruidosa…

  2. Luisa Horno dice:

    Qué maravilla reencontrarte, Jorge.

  3. Concha Lobejón dice:

    Me ha gustado mucho tu extraña visita. Gracias.

    Un saludo desde Palencia.

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